El Pan de Cada Día, domingo 31 de mayo

¡Hola! Bienvenidos a la nueva edición de El Pan de Cada Día, el semanario de la Unidad Pastoral con la agenda, avisos e información útil de cara a la próxima semana. 

Este domingo celebramos la Santísima Trinidad. Una fiesta que nos vuelve a poner de manifiesto que Dios, misterio íntimo, es familia. Que Dios es Amor y no soledad. Por ello, rezamos:

¡Oh Dios, tú eres mi Dios!
Mi loco enamorado.
Te presentas como el Misterio
Uno y Trino,
La fuente de la vida,
acogida eterna y gratuita,
amor callado que une…
y se abre al infinito.

Sólo así, puedes ser Tú:
el que llega y transforma,
el que me haces más yo,
el que consuela y escucha.

Tú, que me quieres y me guías,
que moldeas mi vida y vas conmigo.
En ti, mi loco enamorado, confío…
Y sea lo que sea lo que la vida me dé,
te doy las gracias.

A continuación, los avisos para esta semana:

  • Este martes, día 2 de junio, a las 19:00 horas en Santa  Ana, Jose Eizaguirre, miembro de la Comunidad Fe y Vida y feligrés de la Unidad Pastoral, dará una charla bajo el título: «En torno al discipulado«. Sus palabras tratarán como podemos llegar a ser discípulos, siguiendo al Maestro.
  • El jueves, 4 de junio después de misa de 19:00 en Las Mercedes, tendrá lugar la Adoración al Santísimo de junio. Este rato de Adoración estará acompañado por el coro joven de la Unidad Pastoral.
  • El domingo, 7 de junio en la misa de 13:00 horas de Las Mercedes, tendrá lugar una procesión al Santísimo por el día del Corpus, a la que todas las personas estamos invitadas, especialmente los niños que acaban de hacer la Primera Comunión y sus familias. Por esta razón, no habrá misa de 13:00 en Santa Ana.
  • Las colectas del fin de semana irán destinadas a Cáritas y sus fines.

Lectura del Evangelio según san Juan, 3; 16-18

«Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios».

Comentario al Evangelio
Diócesis de Bilbao

Las lecturas de este domingo nos sitúan ante uno de los grandes misterios de nuestra fe: Dios no es soledad, sino comunión de amor. Muchas veces pensamos en la Trinidad como una idea difícil, casi imposible de explicar, pero el Evangelio de hoy nos ayuda a comprender algo fundamental: Dios ama al mundo hasta el extremo.

“No envió Dios a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”.

La Trinidad no es un rompecabezas matemático. La Trinidad es el nombre cristiano del amor de Dios. El Padre crea y sostiene la vida. El Hijo entra en nuestra historia, comparte nuestra carne, carga con nuestro sufrimiento y abre un camino de salvación. El Espíritu Santo sigue actuando hoy en la Iglesia y en el corazón de cada creyente.

A veces vivimos como si la fe fuese solamente una obligación o una costumbre. Pero la Trinidad nos recuerda que en el centro de la fe hay una relación viva. Hemos sido creados por amor y para el amor. Nuestra vida encuentra sentido cuando aprendemos a vivir en comunión: en la familia, en la parroquia, en la sociedad.

En un mundo donde tantas veces crecen la división, el individualismo y la indiferencia, contemplar a la Trinidad es descubrir que nadie se salva solo. Dios mismo es comunión y nosotros, creados a su imagen, también estamos llamados a vivir así.

Por eso la Iglesia no puede ser simplemente una organización. Está llamada a ser reflejo de la Trinidad: lugar de acogida, de perdón, de paciencia y de unidad. Cada vez que rompemos la comunión con la crítica destructiva, el egoísmo o la indiferencia, oscurecemos el rostro de Dios.

La primera lectura nos mostraba a Moisés contemplando a un Dios “compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”. Ese es el rostro verdadero de Dios. Muchas personas viven todavía con miedo a Dios, como si fuese alguien lejano o dispuesto siempre al castigo. Pero Jesús viene precisamente a revelarnos que Dios es misericordia y cercanía.

Y san Pablo, en la segunda lectura, nos daba casi un programa de vida cristiana: “Vivid en paz y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros”. La Trinidad no se comprende solamente estudiándola; se comprende viviéndola.

Cada vez que hacemos la señal de la cruz recordamos este misterio. La hacemos muchas veces de manera automática. Tal vez hoy podríamos recuperar su profundidad: estamos marcados por el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Que esta solemnidad nos ayude a vivir una fe menos teórica y más llena de comunión, de confianza y de amor concreto

 

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