Confirmación

¿Cuál es el propósito de la Confirmación?

Renovar las promesas bautismales que hicieron en tu nombre tu madre y tu  padre, madrina y padrino, y expresar y confirmar públicamente tu compromiso del seguimiento del Evangelio.

La Confirmación es un Sacramento que se efectúa mediante la imposición de manos de nuestro Obispo, sobre todos los confirmandos, y la unción con óleos sagrados (Crismación).

¿Qué símbolos intervienen en la Confirmación?

  • El Santo Crisma, es el óleo qué contiene el aceite perfumado. 
  • El Sello, representa a la persona. 
  • El Fuego, representa el fuego del Espíritu Santo el cual purifica nuestros pecados. 
  • El Ósculo, representa la paz.

El Sacramento de la Confirmación fue instituido por Nuestro Señor Jesucristo cuando confirió el Espíritu Santo a Sus Apóstoles el domingo de Pascua Juan 20: 22-23 y el domingo de Pentecostés Hechos de los Apóstoles 2: 1-11.

Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

(Juan 20: 22-23)

Para recibir el Sacramento de la Confirmación, hay que realizar un curso de tres años. La inscripción se hace el año que se cumplen 14 años.

En nuestras parroquias, los grupos de Confirmación están coordinados por un laico liberado, acompañados por varios monitores, los jueves de 20:00 a  21:00.

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 

Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. 

Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 

Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 

Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 

¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? 

Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. 

(Hechos 2: 1-11)

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