
PAN DE CADA DÍA, DOMINGO 11 DE ENERO
Hola! Bienvenidos a la nueva edición de El Pan de Cada Día, el semanario de la Unidad Pastoral con la agenda, avisos e información útil de cara a la próxima semana.
Nos adentramos cada vez más en un nuevo año y, hoy, con el Bautismo del Señor que celebramos, ponemos fin a la Navidad cristiana y comenzamos el tiempo ordinario. Celebramos un día en el que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, dejando ver que todos somos dignos de Dios y marcando el camino de conversión.
Señor mío, Jesucristo,
al contemplar una vez más
la escena de tu bautismo en el Jordán, siento renacer en mí
la fuerza purificadora de mi bautismo,
esa que me identifica con tu sentir y tu obrar
y me capacita para realizar tu misión en el mundo
como la realización más plena de mi propia vocación.
Haz de mí un instrumento de tú buena noticia para que,
a pesar de mi fragilidad y tibieza,
tenga la dicha de ser testigo de tu persona,
y eso mismo colme mi deseo
de felicidad recibida y celebrada
en el seno de la comunidad
en el compromiso con las causas humanas
que realmente importan
y en la transformación de las realidades temporales
según el espíritu del Evangelio.
Que esa sea mi dicha,
acogida siempre como don de tu gracia,
y que tu Espíritu me inspire,
me sostenga,
me fortalezca,
para caminar confiado por los anchos caminos del Reino.
Los avisos de esta semana son simples. Tan solo queremos recordar que la misa joven de este mes de enero, primera del año 2026, será el próximo domingo día 18, a las 19:00 en la Parroquia Nuestra Señora de Las Mercedes.
Lectura del santo Evangelio según San Mateo (3, 13-17)
Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.
Comentario de Jose Eizaguirre
Miembro de la comunidad Fe y Vida en Getxo
Hace casi veinte años fui testigo de una conversación entre varias personas que pertenecían a algún grupo o movimiento de la Iglesia Católica. Se presentaron unas a otras diciendo su nombre y grupo de origen. Yo sólo dije mi nombre, pues no pertenecía a ningún grupo. Finalmente le llegó el turno a la última persona, una amiga mía, quien tras decir cómo se llamaba dijo: “Yo soy bautizada”. Todos se rieron como si de una inocente ocurrencia se tratara. Del evangelio de hoy podemos extraer algunas ideas clave sobre nuestro bautismo que dan a las palabras de mi amiga una profundidad inesperada para mí y para el resto de los allí presentes en aquel momento.
En primer lugar, quién es Dios y quiénes somos nosotros. La voz del cielo dice: “Este es mi hijo amado, en quien me complazco”. Dios es amor y nosotros, por el bautismo, somos sus hijos amados por Él. Que la escena del bautismo ocurra al comienzo de la vida pública de Jesús y no al final nos indica que el amor de Dios por Jesús es previo a su misión, es decir, no lo ama por lo que hace, sino por ser quien es, su hijo. Es un amor incondicional, no sujeto a cálculos. Recuerda a la mirada bondadosa con la que al final del día Dios contempla todo lo que ha creado: “Y vio Dios que era bueno”. Miradas de este tipo son capaces de resucitar a un muerto.
Otra idea clave del evangelio de hoy es la importancia de la oración. La vida pública de Jesús dura un suspiro en comparación con los años que vivió en el anonimato. Los evangelios nos dicen que se alejaba de la gente para rezar, algo que seguramente ya hacía antes de ser conocido. Su misión exigió años de preparación y seguramente estuvo repleta de momentos a solas con Dios. Llamarle Padre no se improvisa de un día para otro. Por otro lado, que el Espíritu llegue y que, además, lo haga en un desierto, un lugar apartado donde la vida es menos abundante y complicada, nos da una idea del poder transformador de la oración. Por eso su bautismo no es un baño penitencial más, algo habitual en la religión judía y que se hacía varias veces al año. No es un simple acto con agua, sino el inicio de algo nuevo e inesperado.
En tercer y último lugar, el verdadero reto para cualquier cristiano es dejar que Dios sea verdaderamente el Señor de nuestras vidas. Esta es la señal de la llegada del Espíritu. Jesús se bautizó en el Jordán como uno más porque así debía hacerse. En el evangelio de Mateo el primero que se opone a Jesús es Herodes, quien lo buscó cuando todavía era un bebé para matarlo. Esta vez nos encontramos con la sorpresa de Juan al ver a Jesús en la fila de los pecadores e intenta disuadirlo de que no se bautice. Vivir como hijos de Dios genera desconcierto y oposición, en uno mismo y en los demás, pero también transforma los desiertos propios y extraños en lugares más habitables. Al imaginarme con Jesús en la fila de los que van a recibir el bautismo de Juan, ¿qué le diría?, ¿qué me gustaría dejar atrás?

